Mujeres de hierro y cariño, entre rejas.

He visto las emociones más sinceras allí dentro, entre las rejas de una cárcel, entre el aparente ambiente de instituto, entre los patios y edificios que simulan, tristemente, el mundo de aquí afuera.
De todas ellas, recojo las lágrimas del primer día, lágrimas incesantes a pesar del gran concierto que había en ese momento (no todo el mundo tiene la ocasión de ver a los simbólicos de Fórmula V). Pero daba igual. Lágrimas desbordantes, mientras alrededor, muchas bailábamos.
Recojo las caricias y las miradas cómplices, "no estás sola", decían estas. Los abrazos, las bromas, las risas y carcajadas que estallaban y llenaban de vida el frío salón.
¡La música que sale de una guitarra, las voces y palmas que se unen, los bailes! Cuerpos que reflejan alegría, comodidad y amor. Mujeres diferentes, algunas de voces altas, otras de cabezas bajas.
Mujeres de hierro y cariño, ellas mismas sobreviviendo, ellas mismas cuidándose las unas de las otras. Historias de lucha y tragedia, y a pesar de todo, de aferrarse a la vida, al destino impuesto. La mayoría inmigrantes, muchísimas, por tráfico de drogas, la mayoría con hijos y familia en otros países.